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Sabemos que el empresario es inquieto por naturaleza y tiende a replantearse de forma continua su status quo y el de su empresa. Porque sabe además que es la única forma de supervivencia que el mercado tolera a día de hoy. Vanagloriarse de una imagen presente ideal suele ser el preámbulo de un futuro incierto si nos estancamos en esa idealidad.

De ahí, que se tienda a buscar la excelencia operativa y productiva en todo lo que rodea a nuestro producto y/o servicio. Pero llega un momento en que cuando las mejoras más obvias ya han sido aplicadas, tendemos a perder impulso en esta labor de mejora continua.

¿Y por qué? Pues principalmente porque las iniciativas cada vez son más complejas de identificar. Iniciativas que además suelen ser ya de menor calado. Condiciones ambas que, por tanto, desmotivan al equipo: “antes nuestros KPIs mostraban increíbles ratios de mejora cuando llevábamos a cabo una mejora, mientras que ahora varían mínimamente (si lo hacen). El coste oportunidad de esa mejora continua apenas nos renta y preferimos emplear nuestro tiempo en otras tareas”.

Llegados a este punto, el empresario tiene que replantarse qué está fallando. Su personal está perdiendo el interés por ser mejores cada día y esto es la antesala de una muerte anunciada. Una afirmación que puede sonar excesivamente alarmista a oídos del empresario más junior, pero que tiene mucho sentido para aquel curtido en mil batallas.

El consultor externo como figura clave en la mejora continúa

El concepto de “replantearse una condición establecida” tiene mucho que ver con el de “desaprender lo aprendido”. Porque desaprender no es nada sencillo. Primero de todo, supone tener que admitir que mi forma de proceder es sensiblemente mejorable, aunque mi técnica actual haya exigido muchos años de intensa dedicación y refinamiento. Y segundo, porque me cuestiona desde cuando he estado “perdiendo el tiempo”, profesionalmente hablando.

En este contexto, es muy importante el asertividad. Es decir, ser capaces de comunicar al equipo de forma convincente que una forma de operar distinta a la que conocen, no sólo es posible, sino que puede incluso ser mejor. Pero siempre, desde la honestidad y la crítica constructiva basada, ante todo, en el respeto mutuo al profesional.

Y aquí es dónde la figura del consultor externo cobra especial importancia. Porque plantear esta cuestión desde dentro de una corporación es complejo por una simple cuestión de jerarquía: nunca voy a ver con buenos ojos que “un igual o inferior a mi” cuestione mi trabajo. Tal vez, con el jefe no tendré más remedio que callar y asentir, pero sólo en ese caso.

Así, cuando alguien ajeno a la corporación, independiente, de amplia experiencia contrastada, con una visión más global y menos sesgada, no contaminada por nuestro día a día, etc. viene a decirnos que otra realidad es posible lo recibimos con otra predisposición. ¿Habrá reticencias? Siempre. Pero serán más acotadas y fáciles de salvar si se sabe poner el foco en esas pequeñas Quick Wins que requieren esfuerzos menores y generan importantes resultados casi inmediatos.

Mejora continua (siempre) frente a reingeniería de procesos

Cuando se nos plantea un potencial escenario de mejora continua, desde DT Consultores siempre comentamos la misma premisa: “Es un reto de largo recorrido y dónde se deben cuestionar todos los procesos y flujos de trabajo, incluso lo más trabajados. La paciencia y, sobre todo, el convencimiento pleno en las capacidades de tu consultor debe ser innegociables en un proceso que puede resultar árido en algunas fases”.

Y es que cuando hablamos de mejora continua, hablamos de cambios que ocurren a un ritmo respetuoso con el entorno y acorde a las capacidades de trabajo orgánicas del equipo. Porque se trata de ser inclusivos y que nadie se quede rezagado en la inherente curva de aprendizaje que se ha de afrontar. Así, lo que también conseguimos es minimizar la resistencia al cambio.

Lo único complicado en estos casos suele ser mantener la motivación del equipo por una meta que no reporta resultados inmediatos en el corto plazo. Y ahí, es dónde el consultor, ha de ejercer un papel fundamental como dinamizador, marcando hitos intermedios que reflejen el avance, incluso, de cara a los altos cargos decisorios de la compañía.

Una realidad que no ocurre en el caso de la reingeniería de procesos dónde la mejora debe producirse en el menor espacio posible de tiempo. Y es que, en estos casos, la supervivencia empresarial suele ser el detonante, y no el afán de ser mejores día a día. Es decir, existe una motivación originada por condicionantes externos que nos cambian las reglas del juego en mitad de la partida y nos obligan a recomponernos en tiempo récord.

Por este motivo, la reingeniería de procesos suele impactar de forma muy negativa sobre el equipo, dada la gran tensión y sobrecarga de trabajo que acarrea. Así, se puede entender porque desde DT Consultores siempre recomendamos la mejora continua como primera opción, a no ser, claro está, que sea estrictamente necesario.

Y si te ha gustado este artículo y quieres profundizar más identificando qué tipo de procedimiento que necesita tu empresa, por favor, no dudes en contactarnos. Estaremos encantados de atenderte y explorar potenciales oportunidades de colaboración.

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